1. ANTECEDENTES DEL CANGREJO DE RÍO AUTÓCTONO (AUSTROPOTAMOBIUS PALLIPES)


El cangrejo de río autóctono (Austropotamobius pallipes), conocido vulgarmente como cangrejo de patas blancas,
fue un crustáceo muy común en la Península Ibérica hasta mediados del siglo pasado. Su hábitat son ríos y arroyos de pequeño tamaño con corrientes de escasa velocidad, ricas en sales de calcio y generalmente frías con una temperatura que puede oscilar entre los 16 y los 20 ºC. También puede encontrarse en lagunas y estanques artificiales.

Esta especie de cangrejo constituye un buen indicador de la calidad de las aguas de los ríos, aunque puede tolerar cierto grado de contaminación orgánica. Su dieta se basa en macro invertebrados, larvas de anfibios, pequeños peces y plantas acuáticas.


La distribución natural del cangrejo autóctono se restringe a la parte centro-norte de la Península, con algunos puntos muy concretos en el sur y sur-este (Granada, Córdoba, Jaén y Murcia). La alta necesidad por el calcio que manifiesta esta especie parece ser que lo ha restringido a la parte calcárea de la península, siendo muy rara su localización en la península silícea.

Actualmente, las poblaciones de cangrejo autóctono han disminuido de forma alarmante como consecuencia de la denominada “afanomicosis” o “peste del cangrejo”, provocada por el hongo Aphanomyces astaci. La introducción de este hongo en la Península se debe a la entrada de especies alóctonas como el cangrejo rojo (Procambarus clarkii) y el cangrejo señal (Pacifastacus leniusculus), importado por Estados Unidos en los años 60, ambas especies inmunes al hongo, provocando el contagio a la especie autóctona.

Por todo ello, la distribución actual del cangrejo autóctono ha quedado relegada a las partes más altas de los ríos, en arroyos de montaña y zonas aisladas de las cuencas principales, incluso a altitudes a las que no se había encontrado antes. Además, las poblaciones supervivientes están muy fragmentadas, y habitan zonas marginales de su hábitat previo, en los que ocupan tramos muy reducidos.

Se estima que el número actual de poblaciones ronda las 700 para todo el territorio de la Península Ibérica, y que la tasa de desaparición de poblaciones oscila entre un 30% y un 50% cada 5 años.